LIBERATION
VIERNES, 8 DE DICIEMBRE DE 2006

Dos identidades compatibles
Los europeos musulmanes pueden favorecer el acercamiento de ambas culturas

Durante mis primeros pasos por Marruecos, allá por los años 80, me fascinó el arte de la gente para saludarse por la calle. Comenzaban con un «buenos días, ¿qué tal?» y proseguían interesándose por la salud de la madre, de la hermana, de las tías, del padre y, por último, de los hermanos. Toda la familia y, por extensión, toda la comunidad se veía implicada. Estos saludos, sin rentabilidad inmediata, me parecían profundamente humanos. Amortiguaban el choque del contacto y construían un umbral de acceso a una verdadera confianza o a una indiferencia amistosa. Esa misma fascinación me la provocaba también la primera nota vibrante del almuédano alzándose sobre un pueblo del Atlas Medio marroquí que, antes de romper el silencio, me trasladaba de golpe a un mundo de espiritualidad, con la humildad que ésta conlleva.

Cierto es que, en Marruecos, era una roumia, una cristiana. Este aspecto constituía la base de mi diferencia, pero también de mi semejanza: yo era otro «tipo» de ser humano. Cierto es también que yo había comprendido todo el significado que en esta cultura encierra la chouma (la vergüenza) y adaptaba mi comportamiento al rasero de sus límites. Por aquel entonces ya había comprendido la diferencia radical que existe entre una cultura de la expresión y de la representación, donde la revelación y la transparencia son la condición de la verdad, y una cultura del circunloquio y la elipsis, de la sugerencia y la no representación, donde el cuerpo, clave del hammam, se codifica en todas sus funciones. Sin embargo, la roumia que yo era, a la que miraban y observaban se sentía por último respetada.

Resulta curioso constatar que la mediatización del discurso ideológico que sostiene el mundo árabe sobre sí mismo, conlleva a un aumento de las tensiones latentes entre el mundo occidental y el mundo musulmán.

No obstante, ya en aquellos años existían algunas ideas preconcebidas sobre Occidente ⎼en particular sobre las mujeres occidentales⎼ que podían complicar mi estancia. Sin embargo, estas ideas no impedían lo que en español llamamos “convivencia” (el hecho de vivir juntos) y aquello era, sin duda, “una buena convivencia”.

¿Por qué se ha transformado en “mala convivencia”? ¿Es culpa de los “maximalistas literalistas islamistas” que describe Abdelwahab Meddeb? ¿Habremos entrado en la era “postdiscursiva” y “postprogresista” de la que habla Robert Redeker en referencia a las revueltas de los barrios de extrarradio? ¿Una era donde la palabra se utilizaría como un arma blanca y donde disertar consistiría en tomarse un chato y soltar improperios hirientes sobre sus «enemigos» como en la Edad Media?

En 1985, Abdou, camellero y marino en Arcila, un joven afectado por la polio, con una melena rubia teñida por el sol, disfrutaba tomando el té en nuestra casa. Se sentaba en la banqueta al lado de mi marido y ambos filosofaban. A Abdou le encantaba esa mesa de europeos, donde hombres y mujeres se reunían como iguales. Mi marido no perdía la oportunidad de enseñarle algunas revistas, como un número de Libération sobre Einstein, que Abdou le pidió una vez prestado. Abdou vivía a ocho kilómetros de Arcila por la playa, en una casita recubierta de parra situada sobre la fértil llanura del Tajardaz. Su hermano trabajaba en una fábrica de cerámica china de Tánger, mientras que su hermana cultivaba las tierras de la familia. Ésta había sufrido un percance muy triste. Cuando los hombres, le contó éste a mi marido, van al hammam les sale «de ahí» un líquido blanco. «Vivo». Después, cuando las mujeres, van al hammam, ese líquido blanco, que «se mueve», trepa por las piernas de las mujeres… Y ocurre lo irremediable.

No obstante, un día, Abdou irrumpió en el salón esgrimiendo el Libération muy enfadado: Einstein era judío y él no podía admirarlo, así que pisoteó el periódico y se marchó dando un portazo.

En los años 80, la información circula lentamente o no circula en absoluto. La imagen que los musulmanes tienen de los Occidentales está llena de clichés. Sin teléfonos móviles y sin Internet, las personas viven en general alejadas las unas de las otras, encerradas en su comunidad y, de aduar en aduar, vemos algunos albornoces con la cabeza levantada hacia un televisor colgado de la pared, viendo el fútbol.

A partir del 2000, en Arcila, desde las murallas portuguesas hasta el hotel Karim, todo el mundo tiene teléfono móvil y, sobre un fondo de cielo azul, las cuscuseras, obstinadamente orientadas hacia los astros, ingieren en silencio las noticias del mundo. No hay problemas con los descodificadores, todas las tarjetas son piratas. Abdou ya no nos necesita para formarse una opinión sobre el mundo.

2001. Las Torres gemelas. 2003. La guerra de Irak. 2006. La guerra del Líbano. No existe un solo conflicto en el que no esté involucrada la identidad musulmana. Pero hoy en día, además de las cadenas nacionales, existe una cadena en árabe que difunde una visión del mundo: Al Jazeera.

Resulta curioso constatar que la mediatización del discurso ideológico del mundo árabe sobre sí mismo, en su comparación con el otro modelo, el occidental, a través de Al Jazeera, conlleva a un aumento de las tensiones latentes entre el mundo occidental y el mundo musulmán.

Parece hoy en día que todo los enfrenta: representación/no representación del cuerpo, creación de un modelo global de circulación social con la supresión del papel predominante de un sexo/tendencia reforzada hacia el modelo social tradicional, con separación de sexos; modelo político de tipo democrático/modelo político de tipo autocrático. Multiplicación de las fuentes de información y de los canales de aprendizaje y de transmisión del conocimiento/elección de un único canal.

En 2006, la mezcla Occidente-mundo musulmán parece completamente heterogénea. Pero una apasionada del islam como yo no puede aceptar esa afirmación derrotista que conlleva olvidar a esa «parte» de europeos de confesión musulmana.

Son tan numerosos como los cristianos coptos, asentados, desde siempre, en tierras egipcias. Todos ellos constituyen una entidad cuyo margen queda «atrapado» en el modelo ideológico impuesto por Al-Jazeera pero que tiene la oportunidad inaudita de encontrarse en tierra democrática, invitada a la mesa de la Universitas para iniciar este trabajo de «anamnesis» del que habla Abdelwahab Meddeb en «Contre-prêches» (Seuil). Así pues, es probable que el mundo musulmán de Europa, en lugar de comunitarizarse en la obediencia a los dictados extra-europeos, en lugar de dejar de representar un mercado como cualquier otro, un «mercado» muy lucrativo de servicios «para musulmanes» (colegios, hospitales, lugares de ocio), encuentre su oportunidad de avanzar por la vía de la reflexión, de la adaptación a la modernidad, y se aproxime, por tanto, a la idea griega de democracia interiorizada por el judeocristianismo fundador de nuestras sociedades occidentales.

Así, y solo así, la rica cultura musulmana podrá incorporarse a la entidad occidental.

Autora de: L’Olivier bleu, J.C. Lattès (2004) y de 2028, Scali (2006).